VISITAR ALASKA llegando desde el mar es la mejor manera de aventurarse a conocer uno de los paisajes más espectaculares del planeta. Es un crucero muy diferente a cualquier otro, incluso a aquellos que recorren el Mar del Norte. Cuando llega la primavera, las aguas congeladas ceden a los rayos del sol y las embarcaciones inician su travesía por las redes fluviales, aproximándose a fiordos y glaciares para descubrir toda la belleza que hibernó durante medio año.

Punto de partida
La temporada de cruceros abarca de fines de abril a principios de octubre. Se ofrecen itinerarios en viaje redondo o de un solo sentido, ya sea desde Alaska hacia el sur o desde Estados Unidos y Canadá hacia el norte. Nuestra experiencia inició a fines de mayo, en Vancouver, y fue un itinerario redondo. Puedes salir también desde Seattle (tiene mejor conectividad aérea con Guadalajara), pero se nos hizo más interesante partir de la ciudad canadiense, para conocer el Stanley Park, un enorme pulmón verde con preciosas vistas, el cercano Whistler, uno de los mejores resorts de nieve en Norteamérica, y la isla Victoria, con su distintivo toque inglés. Como nos lo recomendó nuestra agente de viajes, tres días fueron suficientes para explorar la región antes de la salida del crucero. ¡Y vaya que valió la pena!

Hacia los glaciares
La terminal de cruceros Canada Place en Port of Vancouver es eficiente y está convenientemente ubicada en el centro de la ciudad, cerca de lugares de entretenimiento, restaurantes, tiendas y atracciones, a solo 30 minutos del aeropuerto. Hay que tener en cuenta que al abordar el barco, se debe pasar migración y aduana como si se ingresara a Estados Unidos. Por el contrario, al desembarcar, las autoridades que te reciben son las canadienses.
Ya embarcados, nos sentimos como expedicionarios de National Geographic, pero con todos los lujos de un crucero. Nosotros tomamos un Celebrity, pero prácticamente todas las navieras ofrecen salidas en la zona. Eso sí, cada barco va dirigido a un tipo de viajero y es recomendable asesorarte con tu agente para seleccionar el tuyo.
Nuestra cabina estaba del lado derecho, muy conveniente cuando el barco se dirige al norte, porque puedes admirar la belleza de la costa, y más teniendo balcón, como el nuestro.

Llegamos al Pasaje Interior, donde de inmediato comenzamos a admirar fiordos, bahías e islas tapizadas de verde. En el camino, tuvimos la fortuna de observar una enorme ballena que nadaba en paralelo a la cubierta dejando tras de sí una estela de burbujas. Y es que en este ecosistema, habitan águilas calvas, cabras monteses, osos, frailecillos, orcas y nutrias marinas, por mencionar algunos. Ten en cuenta que las especies que logras ver depende del mes de tu viaje. Por ejemplo, junio es recomendable para observar caribúes (renos de bosque) mientras que en julio es más probable ver osos ante la abundancia de salmón, uno de sus platillos favoritos.

Tras un día de admirar la impresionante belleza de la costa finalmente llegamos a nuestra primera escala: Ketchikan, conocida como la «capital mundial del salmón» y hogar del pueblo tlingit, que se ha hecho famoso por su habilidad para el tallado de tótems. Nosotros nos aventuramos a recorrer un sendero por la selva. Por supuesto que con la caminata, merecíamos darnos un banquete de salmón y cangrejos frescos. Aquí debo mencionar que en el barco también los platillos del mar estaban deliciosos a la hora de la cena.

Continuando nuestro viaje, avanzamos por el Icy Strait Point y esta vez pudimos observar focas. ¡Qué espectáculo! Nunca nos había tocado verlas que no fuera en un zoológico. Ahí estaban con sus crías, recién nacidas, según nos explicó un tripulante. ¡Pensar que este ha sido el hogar de los tlingit por siglos!

El barco siguió abriéndose paso entre las vías fluviales hasta llegar al final del Pasaje Interior, justo donde se levantó el pueblo de Skagway. Esta ciudad tiene una gran historia porque debe su origen a la fiebre del oro de fines del siglo 19. En la cercana provincia canadiense de Yukón se había encontrado el metal, ocasionando una avalancha de buscadores de fortuna que llegaban desde San Francisco y Seattle. La mayoría de aquellos aventureros llegó a Skagway para luego subir hacia las cadenas montañosas donde se suponía había el metal, aunque solo unos cuantos hicieron fortuna. Este capítulo de la historia dejó un legado cultural en la ciudad con sus edificios de época y un ferrocarril histórico.

Para conocer más del tema, visitamos el Museo del Parque Nacional Klondike Gold Rush, para luego dirigirnos al White Pass & Yukon Route Depot y subirnos a un tren antiguo, atravesando un paisaje asombroso, camino arriba hasta el White Pass Summit. ¡Es increíble cómo más de 20 mil hombres se aventuraron en estas tierras de difícil acceso hace más de un siglo!
A menudo, cuando platico mi odisea me preguntan si no hacía mucho frío durante el viaje. Siendo primavera o verano, la temperatura es agradable, aunque un mismo día puede tener variaciones dramáticas entre algo de frío, lluvia y sol a la vez. Por eso la recomendación es vestirse en capas, según los cambios que vayas sintiendo. Lo que es seguro, es que no se asemeja al crudo invierno, cuando no hay cruceros, el día es corto y los únicos pobladores son los nativos del lugar!

Más al norte
Nuestra siguiente escala fue la capital de Alaska: Juneau. Lo espectacular de este poblado es que se encuentra al pie de Mount Juneau que asciende a mil metros sobre el nivel del mar. Tiene una incomparable vista de glaciares desde Tracy Arm FjordJuneau Icefields y el Glacier Bay National Park. Puedes recorrer el centro histórico, navegar en kayak por vías fluviales o hacer senderismo para descubrir el glaciar Mendenhall, de 19 kilómetros de largo.
Esa extensión no es nada comparada con el espectacular glaciar Hubbard, al norte de la costa de Yakutat. Con 122 kilómetros de longitud, es el más largo de Alaska. Sus terminación en el agua forman una fachada de más de diez kilómetros. Es tan alto como un edificio de 30 pisos y es el río de hielo más grande de América del Norte. Se formó hace unos 400 años y, contrario a lo que está pasando con otros glaciares, el Hubbard continúa

engrosándose. Jamás olvidaré esa imagen del barco abriéndose paso por la estrecha bahía de Disenchantment Bay para encontrarse cara a cara con el imponente glaciar. De pronto el clima cambió porque ahí se sienten fuertes vientos y la temperatura disminuye. Para las ballenas, nutrias y focas aquello es un hábitat ideal. A nosotros no nos tocó ver trozos de hielo desprenderse pero es bastante común que durante las travesías se presencie la caída de alguno sobre la bahía, según nos dijeron.
Una escala muy interesante para nosotros fue Sitka, en la isla de Baranof. Este es un poblado de apenas 9 mil habitantes que es una mezcla de la cultura nativa tlingit y la historia rusa, ya que en 1867, cuando Estados Unidos compró Alaska a los rusos, la ceremonia de transferencia se llevó a cabo ahí, convirtiéndose en la primera ciudad capital del nuevo estado americano. Además de sus edificios históricos, la zona ofrece paisajes de postal, ya que se encuentra enclavada en la selva tropical templada más grande del mundo: el Bosque Nacional Tongass.
Finalmente llegamos a Seward, el punto más al norte del itinerario, bordeando la península de Kenai con sus montañas de impresionante belleza. Aquí la naturaleza virgen alberga toda clase de aves marinas y está el Parque Nacional Kenai Fjords con el Harding Icefield, una extensión de hielo de más de 23 mil años, que llega hasta el mar en forma de 40 glaciares, ideal para las ballenas jorobadas, los leones marinos y las águilas calvas. Desde aquí, las bahías y los fiordos que se extienden hasta el Pacífico se pierden en dirección norte.
El último día del itinerario lo dedicamos a cruzar de nuevo el Pasaje Interior y admirar desde la cubierta aquel paisaje que nos impresionó en nuestro primer día. Fueron tantas las fotos que tomé que apenas me dio la memoria de la cámara.

Un destino de moda
Alaska va aumentando en popularidad y la oferta de cruceros es cada vez más variada: desde los familiares de Royal Caribbean, Norwegian o Disney, hasta los premium como Celebrity, Princess, y Holland, y los de lujo, entre ellos Regent Seven Seas, Oceania y Silversea.
Cual fuera que tomes, vale la pena pagarse cabina con balcón, aunque todos los barcos de esta ruta tienen amplios ventanales y espacios de observación en cubierta.
Muy recomendable también planear tu crucero con tu agente de viajes; la nuestra, sin duda, nos organizó las vacaciones perfectas: repetiríamos una y otra vez.