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Hitachi, un parque diferente cada mes, Parte 2

Hitachi, un parque diferente cada mes, Parte 2

Si se visita en abril te van a impactar las casi 200 variedades de tulipanes que dan vida a algunas zonas del parque. Mientras que por esas mismas fechas y en otras áreas del recinto, dan su particular color rojo las flores de azafrán, cuyos estigmas se convierten en la especia más cara del mundo.
 
Pero antes de eso, a finales del invierno llega uno de los momentos más esplendorosos de Hitachi, ya que se produce el florecimiento de los cerezos o sakura, todo un símbolo del renacer de la vida para la cultura nipona más ancestral.
 
En cambio, si se llega a Hitachi en mayo, se contempla uno de los tapices florales más impresionantes que uno pueda imaginar. Hablamos de más de cuatro millones de nemophilas. Una flor con pétalos de color azul traslúcido que se ha convertido en uno de los grandes símbolos del Parque. Estas flores también se conocen como “ojos azules de bebé” y su aglomeración sobre uno de los cerros del parque es uno de los momentos más esperados de todo el calendario.
 
Las nemophilas forman una especie de alfombra azul que en ese momento convive con otras floraciones de primavera, como pueden ser los narcisos o las amapolas. Todo para construir gigantes mosaicos naturales, efímeros y hermosos. Algo que irá perdiendo protagonismo visual conforme se acerca al verano, hasta que finalmente llega agosto y los grandes reclamos de color los aportan las extensiones carmesíes de los arbustos de kochia, las grandes flores de los girasoles o las pequeñas de las margaritas.
 
Además esos mismos días de agosto, el Parque Hitachi no solo es un paraíso para la vista y para el olfato, también hay una zona dedicada al oído, porque tiene lugar el Festival de Rock de Hitachi muy visitado por los jóvenes nipones.
 
Mientras que si se viaja con niños parece obligado acercarse hasta el parque de atracciones del Parque, donde es tradicional subirse a su gran noria para contemplar desde las alturas los floridos mosaicos de colores y formas cambiantes que hacen famoso a este singular jardín botánico, que desde luego no podría estar en otro lugar que no fuera Japón.
 
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Por Armando Cerra